La apuesta de canicas…

Siempre me había burlado de quien hace diarios… lo sé, caí en mi propio chiste, yo soy mi mejor broma. Todo aquello que en algún momento de nuestra infancia era objeto de burlas hoy pudiera haberse transformado en necesario, ahora lo disfrazamos de madures. Al ser adultos nos damos “permisos” para ser lo que antes debíamos ser y no queríamos. Incluso lo que nos molestaba, como en mi caso tender la cama, se ha vuelto un ritual religioso que me hace comenzar el día con una predestinación de suerte.

Vamos tejiendo hábitos que nos van transformando y haciendo lo que somos, hábitos que nos han dictado lo que incluso creemos que somos, a veces no tan buenos, pero los solemos disfrazar con un “así soy y siempre he sido así”. ¿Hasta cuándo permitiremos que nuestros hábitos o costumbres conduzcan nuestra vida? ¿Cómo distinguiremos los hábitos que nos hacen ser mejores de aquellos que solo nos entablan en una vida cómoda?

El tema surge porque suelo ser una persona de “hábitos firmes”, es la traducción escuchada por muchas personas que se han cruzado en mi vida, inflexible dicen unos, testaruda, otros; circunstancia que me ha hecho perder a gente valiosa en el camino sin saber al día de hoy si un tropiezo de firmeza hubiera mejorado la vida tanto mía como la de los que me acompañaron en su momento. ¿Hasta qué grado uno puede cambiar para mejorar sin dejar de ser uno? ¿Quién nos dice cómo podemos ser mejores?

En una respuesta fría, despiadada y pragmática diría que hoy están las personas que debe estar, los que no, entiendo que llegaron pero el tiempo fue implacable y nos fueron arrebatados, el préstamo de su compañía fue en una línea de vida corta.

Los cambios que en cada persona se hagan para mejorar, si bien se hacen por cada uno, son precedidos por una convicción que si bien se logra con la motivación de las personas que caminan de nuestra mano en esa línea de tiempo, ellas son las que nos impulsan a ser mejores; fuera de eso, no hay ciencia ni lamentaciones. Se tiene en el presente el mejor tejido de vida construido por el pasado, concatenado por el futuro que se quiere construir, con el único fin de darnos a nosotros mismos y a los que apostaron todas sus canicas porque creyeron firmemente que caminar a nuestro lado lo valía todo.

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