No gracias… solo vengo a ver, no a comprar…

Me dije que no iba a gastar, solo iba a ver. Caminé cautelosa. Mucha gente. No quería mezclarme con todos. Quinta ola Covid. Busqué un stand vacío. No había. Mucha gente. No importa, me dije. No voy a comprar. Vine a ver, insistía. Acudí como una de mis tradiciones perdidas pre pandemia. Intento retomar mi vida, mis costumbres. No cabe un libro más en casa. Muchos aun sin leer. No puedo comprar más. Me llevaste. Me acompañaste. Caminamos juntos. De la mano. Me gusta caminar contigo de la mano. Llevaba una bolsa reciclada grande, solo por ese “si acaso”, me seguía diciendo. Bolsa que de forma alguna piensas no ocupar. “Por si las dudas”, te dices. Mi padre siempre decía que era mejor prevenir. Bolsas, chamarra, lo que se necesitara. Decía, si no los llevas los ocupas. Mejor llevarlos y no ocuparlos. Tenía su lógica. Contrariar al destino. Especialista en ello. Solo seguía sus consejos. Ese paso vertiginoso para solo indagar, se fue haciendo lento. Me gusta ver a la gente. Me gusta observar lo que hace. Lo que lleva en las manos. Ver sus ojos. Antes sus sonrisas, ahora solo los ojos. Es un vicio que tengo, observar. Una fascinación, diría yo.

Comenzaron a aparecer ante mí, nombres de editoriales desconocidas, disfruté no sentir interés alguno. Indiferencia. Pintaba el escenario para salir invicta. Mi intención iba en línea seria, no comprar. Más pronto de lo que quisiera a lo lejos letreros de editoriales que por sus colores y letras parecían conocidas. Con pretexto de no tener una buena vista me fui acercando. No intencional, vine a ver y si no alcanzaba a ver, debía acercarme. Lógica pura. Mis pasos me llevaban. Está en la ruta trazada para caminar por todas las carpas, pensaba. Aunque tampoco hice mucho para evitar ese encuentro. Viendo, no tocando, me decía. Me fui desplazando por los pasillos. Mucha gente. Había prisa en ellos, disfrutaban lo que hacían. Se acababa el tiempo del evento. Hay gente formada para ver libros, para tocarlos, para comprarlos, para buscar. Mucha gente preguntando, platicando, apasionada por ese viaje que nos brinda el libro. Una estampa hermosa. Mucha gente compartiendo el gusto por los libros. Un domingo viendo libros, me decía. Mucha gente con el mismo pasatiempo. Con este vicio que se ha vuelto un lujo. Orgullo encontrarme con tantas personas.“Sacrificando” un domingo de descanso por ir a ver, comprar, oler, tocar libros. No necesariamente en ese orden.Y “sacrificando”, palabra que obvio no aplica cuando algo te apasiona.

Quedaban dos escasas horas para que terminara el evento. Me fui desprendiendo de mis promesas. Me acercaba a los libros. Fuera la timidez, me dije. No hay mucho tiempo. Me “deschongué” (diría la abuelita). Al principio, veía a lo lejos editoriales. Después, estaba leyendo la contraportada de algún libro. Encontré un autor que me gusta mucho, Leonardo Padura. Nunca pensé encontrarlo en este “Remate de Libros”. Busqué a un vendedor, pedí todos los libros que tuviera de ese autor. Mi mano ya sujetaba un libro. Luego dos. Cuatro. Ocho. El vendedor muy bueno, encontró otros autores de mi interés. Me ayudaste a racionalizar emociones. Comparaste precios de librerías. Confirmábamos juntos, que era una “ganga” a la que no me podía resistir. No podía dejar la hilera de libros que abrazaba con vehemencia: “La neblina de ayer” (Leonardo Padura), “La decadencia de Nerón Golden” (Salma Rushdie), “Deja que se Muera España” (William Navarrete), “A qué volver”(Mónica Lavín), “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”(Robert L. Stevenson), “Veinte poemas de amor” (Pablo Neruda), “Máscaras” (Leonardo Padura), “La prueba del ácido” (Élmer Mendoza), “El Rey Criollo” (Parménides García Saldaña), “Nombre de perro” (Élmer Mendoza), “La leona blanca” (Henning Mankell), “La Pirámide” (HenningMankell) y “Pisando los talones” (Henning Mankell).

Con (muchos) libros cargando, seguía la ruta de más editoriales. Caminaba con sonrisa y nariz cubierta, como hace mucho hemos hecho para sobrevivir. Segura estoy que todos sonreíamos. Estábamos satisfechos. La cacería había terminado para muchos. Ya no vemos esas sonrisas, las echo de menos. Las personas nos reconocíamos con esa expresión de felicidad que hoy solemos conectar con la mirada. Con movimientos de cabeza. Con lenguaje no verbal. Con ese paso ligero. Personas solas, parejas, familias enteras, hijos cargando libros. Gente leyendo mientras caminaba. Otros, revolviendo libros buscando el que no sabían que necesitaban, pero que de seguro encuentrarían.

Yo satisfecha, con tu mano en mi mano, caminando con mis nuevas aventuras en brazos, empastadas en formato de libro. Oliendo a libro nuevo. Sin duda, el mejor perfume que tengo. Riéndome de mí… ¿solo vine a ver no a comprar? Jajajajaja… Otra vez incumplí mi promesa… ya veré el siguiente año!!!