Mi olivo y yo

Llévatelas no las quiero, entiende que con estas flores me regalas la pronta muerte, colores que alcanzan efímeramente a engalanar la casa con olores pronto marchitos, mi entendimiento impide comprender la muerte para demostrar el cariño al ser amado, regalando oscuridad disfrazada de plenitud. Flores asesinadas a conciencia, pecando de vanidad por quien las regala o las recibe, da igual quien de ellos se quiera engañar.
Ámame con vida, con frutos que multipliquen ese amor que juraste tenerme ante el altar. Quiero un jardín con alegría, no una mesa con flores sin tallos que hoy estarán, mañana su ausencia sin duda me abrumará. Me gusta el verde vida que engalana de esperanza a quien lo cuida. Quiero un árbol que cuando llegue a casa pueda con su altivez cubrirme de serenidad. Verde es mi color, verde hojas, verde olivo, verde que quiero conmigo.
Que la paciencia que como relación tendremos, sea la misma de la espera de nuestros primeros frutos que servirán para departir tardes apasibles de charlas que siempre habrá; el vino tinto, pan, queso y aceitunas, nos nutrirán; tú, yo, los niños, el perro y este árbol de olivo en el jardín, nuestra familia serán.

Habladuría

Ataviada con coraje sale a reclamar lo que de suyo cree pertenecerle, la seguridad. Suelta una liana firme para con otra fortalecer su azar. En su lecho, la sortija yace sobre una epístola que con trazos atropellados por el ímpetu en la ligereza de su actuar, entona que su amor fenecido está, no pretende lastimarlo, una posdata cínica y presuntuosa que da consumación a la adhesión cierra la llave de la ilusión; alegatos que innecesarios, perpetuamente atemporales al desamor invocarán.

En el lugar y hora establecida ella espera al que llegará.

Regresa cansado de trabajar, encuentra palabras hirientes que como explosivo fragmentan fantasías prometidas que repasaba indestructibles, ya no serán, sujeta la alhaja que evocaba devoción que con 24 quilates demostró; tristeza, convertida en miedo, hostilidad, frustración e ira, seguro está, no ambicionará verla jamás.

Transcurren cincuenta minutos, ella piensa no demorará.

En casa, la ropa y joyas en un contenedor arrojados están, chapa cambiada y cuentas bancarias en trámite para revocar. Es una batalla quebrantada que no le apetece apelar.

Más de cuatro horas han acontecido desde el encuentro que debió pasar. De palabrerías de pueblo, el desenlace escuché por casualidad, más en chismes no suelo participar.

Alegatos

Alejado del concepto convencional de Guapo, guarda notas infravaloradas por aquellos que lo ofrecen, más aún por aquellas que no invertirían en un producto que pretende ser conocido previo a ser aceptado, refieren pérdida de tiempo que no se tiene; dicen los sabios que así debiera descubrirsea las personas, que la belleza cual trampa nos sumerge en una felicidad transitoria cuyo dolor deja un vacío que pocos han logrado superar, exhortan como panacea, apartar la aparente belleza para seguir el camino al destino que como lianas rojas nos conduce la leyenda nipona, para muchos intangible por tanto desatino en juego.

Mi defensa es sencilla y contundente, este hombre que resulta ajeno a cualquiera que no sepa observar lo esplendoroso, notable sin duda para no todas, equilibrado, distinguido y juicioso, me recuerda ese brandy de Jerez degustado anteayer que aún guarda recuerdos en mi boca y en mi piel.