Buongiorno principessa!!!*

Correr siempre ha sido mi despertar; mi nueva oportunidad para hacer mejor las cosas; no importa qué suceda en mi vida, correr se ha convertido en mi ancla, en mi tierra firme. Salgo temprano cuando aún hay oscuridad; te cuidas de los coches, perros, gatos, de todo lo que esté a tu paso, muchas veces te cuidas de las personas. 

Génesis… Cuando comencé a correr, hace ya unos veinticinco años, emprendí mi nuevo hobby siendo corredora taciturna, quiero defender mi mutismo en que iba concentrada en mis primeros pasos, pero ese silencio se extendió algunos años, muchos años, en realidad; se convirtió en un hábito, correr en silencio, corredora silenciosa; decidí, bajo ese pretexto “no molestar a nadie”, quedarme con la boca bien cerrada, solo corriendo. El único ruido, mis pisadas. Las hojas que pisaba. Los colores de las hojas iban cambiando de tonalidad con el tiempo.

Crisis… Poco a poco comencé a hablar, era una voz tímida, apagada, casi imperceptible, de un “buenos días”, posiblemente con la mirada hacia abajo, sin voltearlos a ver; sorprendida estuve en que la mayor de las veces no había respuesta; me preguntaba ¿porque la gente no contesta a un saludo?, pensaba; a mí que me cuesta tanto trabajo hablar con los extraños; ellos pareciera, que trataban de desmotivarme a seguir intentándolo; incluso contaba algunas veces a las personas que no contestaban a mi tímido saludo; 8 de 13; 5 de 10; 9 de 11 y así, el porcentaje no era alentador. Pensaba que si a mí me saludaran, jamás podría no contestar; “educación”, me decía, yo misma me recriminaba mi saludo… Parte de mi concentración en el entrenamiento se escapaba en mis buenos días y la nula respuesta. Mi eterna reflexión. Yo era el juez y parte; condenaba, sin dudarlo, la falta de educación de los que se cruzaban a mi paso.

Evolución… Llevo pocos días que comencé a correr en la calle, entre vecinos, conocidos; los de siempre, de hace años, con los que crecí, muchos nuevos, demasiados desconocidos; sigo saliendo en la oscuridad; mientras ya he dado unas cuantas vueltas a la colonia, comienzo a oler el despertar de los vecinos; alguien cocina rico en 3 casas; huele a chilaquiles, huevo, carne asada, tortillas quemadas (amo ese olor!), es el olor de la felicidad; en otras casas comienza a repuntar el olor a café, café fuerte y con cuerpo; en algunas otras despuntas risas y voces; salen niños con los papás con prisa rumbo a la escuela, se les hace tarde… en muchas; mujeres arregladas, preciosas, listas y concentradas para iniciar sus actividades (o continuarlas); hombres en traje, de seguro rumbo a una junta; gente caminando; personas que comienzan a salir con sus perros ansiosos; pues bien, retomé el “buenos días”, hoy ya con audífonos con un alto volumen, para ir escuchando mi respiración en el entrenamiento; voy repartiendo “buenos días”, solo controlando el volumen de mi voz para no espantar; ahora lo hago sin esperar respuesta alguna. Ya no me importa si reaccionan con mi saludo, solo intento, en verdad no espantarlos. Algo que hace tiempo me era importante, hoy ya no lo es. Hoy digo “buenos días” por querer decirlo. Es un regalo que se da, no a ellos; no al otro; es un regalo a nosotros; la evidencia de que estamos vivos, sanos, haciendo algo que nos apasiona, “correr”; con voz, vista, sonriendo, todo funcional; con ganas de regalarnos y regalarles, ¿a quién?, a quien se deje dar-recibir, esa oportunidad de vida; la oportunidad del buen deseo; el “Buen día”, que no se le niega a nadie; como el agua, el pan o una sonrisa. Un acto de envolver “la energía de las buenas intenciones”, meterla en una cajita pequeña, de preferencia elegante, pequeña, muy pequeña, incluirle la frase de “¡cuidado: frágil”!, delicado; envuelto con un moño color rojo de terciopelo, y así de “cute”regalarla.

¿Será que evolucioné? ¿será que me cansé de preguntarme todo? ¿será que ya no me importa nada que no encuentre una explicación? ¿será que algunos vecinos están sordos? ¿será que están de malas? ¿será que no han tomado café? ¿será que tienen problemas y efectivamente no es un buen día? ¿será que les sorprende un saludo de una desconocida? ¿Será que es muy temprano para socializar? Será lo que sea, es lo que es; muchas posibilidades, pero sé de cierto que este “buenos días” que antes me preocupaba tanto, hoy solo me ocupa; hoy me nace, solo me nace; es de mí para mí y de mí para quien lo quiera recibir o incluso replicar… me digo entonces… ¡Buongiorno Principessa*… la Vie est Belle!**

**Nota. Tan mágico puede ser el buenos días, como el limpiar los ojos con esa película.

*Buongiorno teoría

*Guten Morgen Theorie

*Teoria del bon dia

*Bonjour théorie

*Teoric dea-maidin

*Good morgen teori

**La vida es Bella/ 1997/ Roberto Benigni.

Una jirafa por favor

Ciento diecinueve pesos, aproximadamente, cuesta divertirse con adivinanzas ya desde el inicio perdidas, mientras se disfruta un sabor que no se encuentra en el postre más gourmet; llámenme básica, simple, de paladar no refinado; no importa, posiblemente lo soy, hablo de las galletas de “Animalitos”; azúcar, huevo, harina, manteca y esencia de vainilla, que en complicidad hacen de una bolsa aparentemente no llamativa, un manjar que encierra un supuesto zoológico a nuestro alcance, exquisitez heredado según sé, de Inglaterra. ¿Qué será lo que salga al meter mi mano? Posiblemente un bisonte, camello, canguro, cebra, elefante, foca, hipopótamo, jirafa, león, mono (con ropa), oso, oveja, pescado, puma, rinoceronte o tal vez un tigre; leí alguna vez, que ha habido 54 tipos de diferentes animales; hoy con el último agregado, un koala. Todas las galletas parecen iguales, podrían causar discusión respecto a su identidad; los expertos sabemos reconocer las diferencias disfrazadas de mal corte en la galleta que te conduce a un animal, cual seguro Picasso hubiera creado en el cubismo con composiciones fragmentadas y des construidas, que podrían ser vistas desde distintas perspectivas.

Buen reto, incluso para los que tienen vista perfecta. Los identificas y debes dar una razón del por qué ves a tal o a cuál animal. Las galletas podrían ser vistas como la metáfora de la vida. Todos vemos la vida según nuestra apreciación.Todos podemos ver un animalito distinto. Hay quien osa decir que todos son iguales. Esa es indiferencia por la vida, aléjate de esas personas que no pueden advertir las tenues diferencias que los hacen ser identificables: patas, cabeza, cuerpo, cortes, si hay melena o no, cola, los tamaños. Una vez escuché una canción que decía algo que me pareció ofensivo; después, me reí a carcajadas, decía: “eres corriente como galleta de animalito”, después en otro lado, leí como referencia a lo dicho en burla, la respuesta: “sí…, pero muy sabrosa”.

Y en esta alegoría diría, no soy sabrosa como galleta de animalito; corriente, podría ser, porque no soy excepcional, soy habitual, común o frecuente; no así extraordinaria, a veces un poco rara; pero pudiera ser una hermosa galleta de animalito que aparentemente no tiene muy explícita la forma. Decirme así, sería un cortejo, más que algo ofensivo; porque sin llegar a tener glamour entre la gente, entre las mujeres; sentiría que yo hago la diferencia, entre cualquier postre majestuoso que la vida nos pueda ofrecer en bandeja de plata engrasada y enharinada, a punto de meter al horno, previo a guardar en el santuario de las bolsas de plástico, en dónde se ofrecen al público versado en sabor. Mientras tanto… solo te pido me acerques la leche y me pases de preferencia una jirafa.