Que soy adoptada?

La vida siempre es un ganar-ganar, pero el tiempo para saberlo o aceptarlo no siempre es inmediato, cuesta comprender los cambios. Hace dos años, con ánimo de cambiar mi aura, por haber perdido a mi compañera de vida durante 14 años; me invitaron a transitar el dolor a través de conocer un lugar donde las caritas hermosas, orejas paradas, colas sonrientes te esperan a que abras la puerta para comenzar a juguetear con ellos; lugar en donde muchos perritos con ladridos desesperados te dicen que los escojas a ellos, que los acaricies, que juegues con ellos.

La historia puede ser tan grande como quiera contarla si la mido en emociones; recuerdo ese martes desde que salí rumbo a, hasta que regresé a mi casa con el sí de no una princesa peluda, sino de dos. Mis planes estropeados de ir solo a conocer el lugar, fueron superados y burlados por su inteligencia y argucias caninas; y mi poca determinación; los ojos de todas los orejones te invitaban a acariciarlos, me faltaban manos… quería llevarme a todos; una, primero, escondiéndose, con resolución poco confiada, me abrazó cuando comprendió que no la iba a lastimar; confió en mí casi de inmediato, hoy mi blanca pachona no me suelta, ni quiero que lo haga; la otra, la desbocada en una verdadera actuación de guardiana, me defendió de un perro que al parecer me ladró, fue tan buena su actuación que obtuvo el sí antes de saber si ella quería mudarse conmigo. 

Me aletargaron tanto, que cuando me estaban enseñando el lugar, mientras ocho pares de cojinetes me seguían entre tantos ojos, orejas, colas, ladridos; me sorprendí dando mis datos al veterinario y preguntando ¿qué necesito para adoptar? Me dijeron ¿respecto a cuál? ¿cuál te interesa?, ya estaban en mente tres, pero pudo asistirme la razón del espacio en casa así que solo pude señalar a dos, las que no dejaban de seguirme en esa casona llena de peludos felices: Tina y Palomita, ya se llamaban así, intenté llamarlas Horchata y Canela pero no fue posible, ellas ya se habían apropiado de su nombre que hoy amo, tienen sus nombres un peso en su personalidad de divas orejonas. 

Eso fue un martes, el sábado ya estábamos emprendiendo una nueva aventura juntas, primero entraron con miedo a casa, pronto, tan solo unos días después, se apoderaron de ella. Mucha ausencia, muchas compras, mucha emoción, eterna espera, 168 horas preparando su llegada, necesitaba volverlas a ver.

La vida es así, de sorpresas, riesgos y compromisos; llegué con curiosidad por conocer un Refugio “Presenciaanimal” (Instagram-Twitter), nunca había ido a alguno; salí liada en el evento de mi vida; dos peludas parecidas; una, más a un coyote cobrizo con orejas que se mueven de forma coqueta y extraña; cola que tira todo a su paso y que no puede parar de mover si te ve, emociones a través de su cola enorme, forma de dormir extraña, con ladridos firmes, podría ser terrorífica si se lo propone y lo hace seguido, pero cautivadora, no hay ojos más hermosos que los de ella; la otra pálida, con ojos de almendra, con cuerpo abrazable, se comunica de forma inusual, empuja su nariz a mi cuerpo, cual símil de voz, manos, gritos; la nariz es su herramienta para reclamar de forma urgente que necesita atención, caricias; esas, para ella no pueden esperar, se necesitan y deben darse, su requerimiento de urgencia por amor es continuo. Hoy las tres somos compañeras, familia, mi terapia, mis ojos, mi estabilidad, mi corazón en su lugar, mis momentos zen, mis guardianas, mis risas, mis caídas, mis enojos, mis caricias, mis paseos madrugadores, mis desvelos y muchas veces la que marcan mi agenda.

¿Quién rescató a quién? ¿Quién es la verdadera adoptada? Hoy por hoy, todas las mañanas me despiertan con el más alegre tono de despertador, sus quejidos al otro lado de la puerta que indican desesperación por abrazos y apapachos de un nuevo día, siempre con el ansia traducida a la ausencia de la noche, una noche eterna en que no estuvimos juntas; despierto con abrazos, pelitos cobrizos y blancos que llenan mi ropa, besos (muchos besos), parece que a veces quieren hablar con sonidos raros que indican felicidad; sin duda los días comienzan bien, ellas son la mejor taza de café con leche, un “Pintadito”, que alguien que, como experta barista sabe apreciar, puede degustar y nunca dejará de tomar. ¿Qué yo las adopté a ellas? Jaja… Sin duda soy yo la adoptada.

Tina y Palomita

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