Ansiedad de separación

por Carlos Villegas25-03-2019

Catarsis

Malestar significativo y recurrente respecto a la idea real o imaginaria de la pérdida, abandono o distanciamiento del objeto amado, como lo llamamos en psicoanálisis, con deterioro en diversas áreas de la vida como la académica, laboral, social y/o familiar independientemente de que esto suceda o no. Así se define al trastorno de ansiedad por separación por lo menos respecto al DSM 5.

Sin embrago, vamos a dejar del lado las definiciones clínicas, y pidamos una ayudadita, para entender mejor este padecimiento, al tan querido por muchos, Alberto Aguilera Valadez, mejor conocido como Juan Gabriel, con la letra de su canción que dice así: “Donde estés hoy y siempre, yo te llevo conmigo necesito cuidados necesito de ti, si me voy donde vaya, yo te llevo conmigo no me dejes ir solo necesito de ti, tú me sabes bien cuidar, tú me sabes bien guiar, todo lo haces muy bien tú, ser muy buena es tu virtud, cómo te puedo pagar todo lo que haces por mi todo lo feliz que soy todo este inmenso amor, solamente con mi vida, ten mi vida, te la doy, pero no me dejes nunca, te lo pido por favor…”

¿Ahora queda más claro lo que pretendo explicar acerca del trastorno de ansiedad de separación?  

Los síntomas son los mismos que los del trastorno de ansiedad generalizada y en ocasiones también de los ataques de pánico, insomnio, sudoración, irritabilidad, sensación de ahogo, incremento en la frecuencia cardiaca y miedo intenso.

Aunque estas son sensaciones que evidentemente no son placenteras, tienen una ventaja frente a la ansiedad generalizada y al ataque de pánico, y es que podemos saber cuál es el disparador, así como se escucha, es fácil identificarlo ya que la sintomatología aparece cuando peleas con la dueña de tus quincenas o con tu príncipe azul, y esto en realidad es una simple distorsión de la realidad, ya que la pelea, el conflicto o la circunstancia por la que atraviesas, activa los síntomas dada la interpretación que tú le estás dando, es decir, la historia que te cuentas respecto a dicho evento es lo que hace que los síntomas te embarguen al grado de aplicar la de Juanga: “pero no me dejes nunca, te lo pido por favor” 

Esto en realidad no es tan fácil como parece ya que el origen es casi siempre en etapas tempranas del desarrollo, es decir en la infancia, y aunque es fácil identificar a la persona por la que te pones así, el trasfondo es en realidad la manera en que tus padres o figuras de crianza manejaron su presencia respecto a ti, el tiempo que pasaban contigo, sus ausencias y cómo las transmitieron, si tus padres o dichas figuras promovieron un apego – desapego saludable, muy probablemente a esta edad estarás cantando la de inocente pobre amigo del mismo cantautor que mencionamos.

Cuando hablamos de ansiedad de separación es inevitable hablar de apego. Mary Ainsworth habló de 3 tipos en los que, dependiendo de la posición que tomaran las figuras de crianza en la infancia, construirían hijos con dependencias más o menos infantiles, y es que la dependencia no es negativa, siempre y cuando esta no sea infantil en etapas adultas.

El primer tipo de apego del que habla esta autora es el apego seguro, en el que la madre se mostraba cariñosa, cercana y empática con el niño cuando este necesitaba amor, protección y seguridad, incrementando la posibilidad de construir adultos con mejor autoestima y seguridad, por lo que sus relaciones interpersonales serán más estables.

El apego evitativo es el segundo de los 3 y se caracteriza por la complicación en la vinculación entre la figura más importante para el niño (la madre), con el niño, la poca empatía y la precaria satisfacción de necesidades de protección y seguridad.

Es esa figura de crianza a la que le era complicado empatizar con sus hijos, en las que se podía ver distancia afectiva, pocas expresiones de amor y en muchas ocasiones francas demostraciones de enojo y agresividad sobre el niño.

El tercer tipo es el llamado apego ambivalente, sus características son claras y concisas, el infante no puede predecir la disponibilidad de su figura de amor ya que está en ocasiones está muy cercana y en otras muy distante, lo que provoca sensaciones de incertidumbre respecto a no saber si mamá estará o no ahí para satisfacer sus necesidades físicas y emocionales. En etapas adultas, estas personas muestran complicaciones para relacionarse con los demás de manera cercana, puede ser muy sociables, sin embargo, cuando se trata de desarrollar apegos seguros y de confianza, prefieren evitarlos debido a que no se les proporcionaron los recursos en la infancia para hacerlo en la etapa adulta.    

Este último quizá es el tipo de apego más violento, ya que sus características son expresadas por la persona que también más quiere al hijo, sin embargo, sus complicaciones en la vinculación, no le permite enviar mensajes claros, produciendo en el niño sensaciones constantes de inseguridad, incertidumbre, baja autoestima y vulnerabilidad frente al mundo externo, es decir, el mundo interno se construyó frágil, y como dijo una de mis psicoanalistas, “lo que pasa adentro, pasa afuera”, si el mundo interno estaba construido con sensación de vulnerabilidad, inseguridad e incertidumbre, la lectura del mundo externo será con inseguridad, baja autoestima, amenazadora y con preocupaciones de abandono por parte de las personas amadas, tal como pasó en etapas tempranas, y en la mayor parte de las veces pasará en etapas adultas, pues los miedos solamente serán desplazados a las nuevas figuras de amor.

En el apego es donde se inicia el proceso que más tarde dará frutos ansiógenos frente al distanciamiento de seres relativamente amados, y digo relativamente porque a este tipo de afecto no necesariamente se le puede denominar amor, sus tintes son más hacia una dependencia emocional que a un vínculo amoroso con sus respectivas distancias saludables, ya lo dice el refrán, no todo el que chifla es arriero.

Para este padecimiento existen diferentes nombres, desde los que denigran a las personas con calificativos anti sonantes, hasta algunos más rimbombantes como el de codependencia, que ahora ya cuenta con un constructo pipiris nice conocido como “Code”. Sin embargo, todos derivan de la ansiedad de separación, creo que al cambiar de nombre por uno menos clínico o amenazante, lo que se busca es minimizarlo a modo de hacerlo menos doloroso, pero al final el concepto solo es el disfraz de vivir en función de alguien más para evitar su abandono.

Dato curioso: la intensidad de la ansiedad de separación siempre será inversamente proporcional a la distancia que pone el objeto amado, e incluso un poco más si las historias que te cuentas llevan finales catastróficos.

Traducción: a mayor distancia de tu pareja, mayor la ansiedad que sentirás, si a esto le sumamos que te cuentas historias con finales como: ¿Qué va a ser de mí? Nadie me va a querer como el/ella, nadie se va a enamorar de mi y unas cuanta más, la ansiedad se desborda por completo y puede derivar en ataques de pánico.

¿Qué hacer?

Como siempre te damos tips para que trates de ayudarte en estas situaciones y esta no será la excepción.

  1. Primero lo primero, acude con un especialista, es fundamental que lo hagas ya que de nada sirven las otras alternativas como meditación, yoga y mindfulness si no la acompañas de un proceso psicoterapéutico adecuado, te explico por qué, si solo calmas el síntoma (ansiedad) jamás corregirás la fuente de dónde emerge y la posibilidad de encontrarte ante otra relación que te despierte sensaciones semejantes es francamente alta. Esto no es una cuestión de mala suerte, son tus recursos mentales y tus características de personalidad las que te hacen elegir a cierto tipo de personas para relacionarte en tu vida cotidiana, y créeme, eso solo lo puedes cambiar con un proceso de psicoterapia.
  2. Honor a quien honor merece, Yoga, meditación y mindfulness, estos programas sin duda ayudan a mantener alejados los síntomas de ansiedad, sin embargo, si los acompañas con el punto anterior, será altamente probable que no solo desaparezcan tus síntomas ansiógenos, sino también trabajarás con el problema de raíz, entenderás de dónde vienen los apegos que te llevan a vincularte de formas dolorosas y aprenderás a relacionarte con personas con características más saludables, independientemente de que el objetivo sea de amistad o pareja.
  3. Tratamiento farmacológico, ¡ten cuidado por favor! los ansiolíticos crean dependencia, deberán estar prescritos por un psiquiatra y solo en casos realmente necesarios, respeta dosis y horarios, de lo contrario mitigaras los síntomas, pero muy probablemente desarrollarás una adicción a las Benzodiacepinas.

La ansiedad de separación es un padecimiento que tiene solución y en muchas ocasiones su pronóstico es favorable, pero como todo, la constancia debe ser premisa.

Yo soy Carlos Villegas, psicólogo especialista en adicciones y psicoterapeuta psicoanalítico en formación, estoy convencido de que nunca, nunca, nunca es demasiado tarde y que siempre es un buen día para volver a empezar, claro, siempre y cuando tu así lo quieras.

Soy un apasionado del comportamiento humano, la mente, el inconsciente y la cara de los pacientes cuando al final de un tratamiento les digo mi frase favorita: “Ya ves como sí se pudo”