Michelle Verdugo

03-12-2018

Catarsis

Escuchaba a muchos de mis amigos hablar de trastornos de ansiedad. No entendía cómo podían diagnosticarles algo así en actividades que a mi me parecían tan cotidianas en mi vida, desde los arranques de comida, morderme las uñas o mover impacientemente un pie. Pero todo cambia cuando las cosas suben de nivel. Deprimirte y tener sueño siempre, o no tener ganas ni de hablar con tus papás, que te irriten hasta las cosas más simples que hacen tus roomies, o a veces que te llegue a faltar el aire. Estas fueron las señales perfectas para darme cuenta de lo que padecía, pero lo más importante ... ¿qué me está haciendo padecerlo?.

Un trabajo en un lugar tóxico fue la respuesta a todas mis preguntas. Una parte era mi culpa también. Permitir el abuso en una carga laboral excesiva y no poner límites, me hicieron volar la cabeza y perder desde la autoridad sobre mis tiempos, el amor propio, y sobre todo, mi calidad de vida.

Pero el auto cuestionamiento siempre será una herramienta que, bien usada, te puede sacar del problema. Por supuesto también, la ayuda de profesionales, y en lo personal, actividades como caminar jornadas largas, escuchar música, y sobre todo, practicar reiki, me regresaron a mí misma, y desde luego, tomar acción y RENUNCIAR. Al buscar nuevas opciones laborales, me volví a ilusionar por despertar todos los días y hacer lo que amo, pero ahora en un lugar sano. 

No pasemos de largo el estar en un lugar que no nos hace felices. Pasamos la mayor parte de nuestra vida en nuestros trabajos, como para además permitirnos que no sea en un lugar que amemos y donde nos valoren y aprecien.