Vic-TOC-ria

25-09-2018

Catarsis

Mucho tiempo me sentí como un bicho raro, como que todo el mundo era de cierta manera y yo era de otra totalmente diferente.

Es cierto que se puede vivir con TOC, es cierto que se puede mejorar el TOC con tratamientos y terapia, pero también es cierto que es una condición que tendrás de por vida y que muchas veces, te hace sentir como un bicho raro.

Cosas tan sencillas como comer, vestirme, salir al cine, tomar un café con una amiga para mi eran un gran desafío, lo que para una persona era un hábito, una rutina o una actividad sin mayor importancia, para mí era toda una prueba de esfuerzo y lo peor de todo es que era soportar una cantidad gigante de pánico y sufrimiento.

El comer, para mí, era hacer sumas y restas TODO EL DÍA, cuantas calorías había comido, cuantas mordidas había dado, cuantos platillos estaban en mi estómago, cuanta grasa representaría a futuro lo que había ingerido, cuanto ejercicio debía de hacer para no engordar, cuanto debía de comer los próximos días para poder mantener mi peso, porque le había fallado a mi dieta y a mi fuerza de voluntad, eso y más giraba en mi cabeza todo el día, alrededor de 100 veces o más. Todo esto se intensificaba si comía comida chatarra.

El vestirme, representaba hacer una lista gigantesca, de cuanta gente iba a verme, de que iban a opinar de los colores que llevaba puestos, de cómo se veía mi estómago con ciertos cortes de ropa, de esconder mi brazo porque no estaba tonificado, como iba a caminar si tenía que cruzar pasillos largos, hacia donde voltear para no enfrentar miradas con nadie, cuestionarme cada momento si había elegido la ropa correcta para la ocasión.

Salir al cine representaba 2 horas de pensamientos catastróficos y estar en “constante peligro”, desde que me subía al coche para llegar, hasta el salir de la sala de cine, era intentar convencerme de que no me iba a pasar nada, pero mi mente jugaba conmigo imaginando que podía temblar, que podía haber una persona con un arma, que podía caer un rayo en la sala, que podían haber agujas en los asientos que podían contagiarme una enfermedad, que me podía dar un ataque cardiaco y no tendría tiempo de salir a salvarme, recuerdo que era de las actividades más desagradables que podía hacer por el estado alerta que mantenía por tanto tiempo.

Tomar un café con una amiga representaba una combinación de todo junto, comer algo fuera de mi dieta, vestirme de manera que nadie pudiera decir nada de mí, esquivar la muerte, y hasta pensar en si mi amiga sería capaz de salvarme en caso de emergencia.

TODO en mi vida representaba cuestionamiento, peligro y sufrimiento, y para mí era normal, después de que miles de psicólogos me dijeran que era una persona ”nerviosita” , todo tenía sentido, el tener esa etiqueta en la frente hacia que mi estado alerta pareciera un simple rasgo de personalidad. Hasta que a los 22 años tuve mi primer diagnóstico acertado.

¡Hola! Soy Victoria Islas y tengo TOC (trastorno obsesivo compulsivo), quienes padecemos de este trastorno de ansiedad, manifestamos obsesiones y compulsiones, en la mayoría excesivas e irracionales y las cuales por más que no nos gusten no podemos oponernos y representan un malestar que interfieren en nuestra vida diaria.

Muchos creen que las personas con esta condición tenemos que alinear todo, lavarnos las manos 2344 al día o tener todo en perfecto orden, pero no, dentro del TOC, existen categorías con diferentes características. De hecho, soy la persona más desordenada del mundo y nunca he sentido la necesidad de alinear algo, pero si la necesidad de contar muchas veces las cosas, de sumar y restar, de asegurarme que puertas estén bien cerradas, de separar mi dedo chiquito del pie del resto, de contar algo 3432 veces y otras cosas a las que me he ido acostumbrando.

Es difícil crecer pensando de una cierta manera por 22 años y después reordenar tu cerebro y tener que cambiar esos pensamientos, pasé de ser nerviosita a tener una condición mental que debía de procurar para tener una vida feliz como la que tengo ahora, pase tantos años sintiéndome juzgada, sufriendo, tragándome “estás loca” “no seas exagerada” “no disfrutas nada” , tantos años enojada conmigo misma pensando en porque no podía ser una persona “normal” y atormentándome pensando que siempre sería así, perdí amigos, perdí oportunidades, en un punto hasta me perdí a mi, y ahora dos años después, estoy reconciliada conmigo y le he sacado el mayor provecho a tener un recordatorio integrado en el cerebro, que me recuerda repetitivamente todos los días, todas las horas y todos los minutos hacia donde quiero llegar.

Ha sido un camino largo, exhaustivo, lleno de lágrimas, esfuerzo, altas y bajas pero ha valido la pena cada minuto. Tener TOC, me llevó a muchas cosas, a desarrollar otros trastornos de ansiedad, trastornos alimenticios, pero también me llevó a conocerme, a saber, tanto del tema que ahora puedo extender la mano a todos aquellos en situaciones similares.

Es muy importante poner atención a tu cuerpo y saber escucharlo, ningún psicólogo pudo darme un diagnóstico acertado porque para mí no eran cosas de importancia, solo era mi forma de ser y ver la vida, hasta mi primer ataque de pánico aprendí a leerme, entender que muchas cosas se estaban manifestando porque había algo que necesitaba atención, después de visitar muchos psiquiatras y probar muchos medicamentos, encontré los adecuados para mí.

Es esencial encontrar el medicamento adecuado para tu cuerpo y mente, al igual que la persona que se hará cargo de acompañarte en este proceso. Un tiempo me negué a medicarme por los prejuicios que existen del tema, pero mi psiquiatra me explicó y entendí, que, así como hay gente diabética y necesita insulina, gente con males cardiacos que necesitan ciertas sustancias, una persona con una enfermedad mental también necesita y tiene la opción de tomar medicinas, AUNQUE NO ES A FUERZA Y NO ES LA ÚNICA CURA, pero a mí en su momento, una pastilla logró salvarme la vida.

Tomé medicamento alrededor de un año, y después lo dejé, porque las pastillas lograron su cometido y ahora no necesito más de ellas, pero sigo yendo a terapia, haciendo ejercicio, comiendo bien y cuidando mi entorno, así he logrado mantenerme bien durante unos meses.

A pesar de que mi TOC sigue estando muy presente en ciertas situaciones, he logrado tener una relación sana con él, ahora puedo reírme de lo que antes me daba pánico, puedo usar la ropa que más me acomode sin importar si combina o no, puedo comer lo que quiera a la hora que quiera, para mi hoy soy VicTOCria y no podría estar más orgullosa de serlo.