Cuándo la ansiedad te debilita

25-09-2018

Catarsis

¿Te imaginas un pensamiento que no te deja en paz y aunque intentas sacarlo de tu cabeza no puedes? 

Ahora piensa, si al mismo tiempo: tu corazón se acelera, sientes un nudo en el estomago, los brazos se te duermen y sube tú temperatura. 

Desde niña me pasa, siempre he tenido trastorno de ansiedad, con pensamientos obsesivos. Con el tiempo han ido cambiando desde fobias específicas, hasta reacciones a problemas comunes. Siempre me he preguntado porqué no puedo reaccionar normal ante ninguna de las dos y en vez de aceptarlo, siento miedo, tristeza o enojo, siento una ansiedad que me debilita y me deja en cama, acompañada de un espiral de pensamientos negativos de los cuales no puedo salir. 

Después de muchos años de terapia entendí que debemos trabajar por separado los síntomas físicos de los pensamientos.  Cuando estamos en una crisis de ansiedad la sensación de angustia pasa en unos minutos. Los pensamientos, siguen ahí y eso es lo difícil: encontrar la raíz de estos, trabajarlos, si no lo hacemos, sería como cubrir una herida con un curita en vez de desinfectarla y suturarla. 

Alguna vez un psiquiatra me dijo: la ansiedad es el jarrón, y esto lo podemos quitar con medicinas… los pensamientos, es lo de adentro y es lo complicado, pues, no hay pastilla mágica que nos diga porqué llegan a nosotros de esa forma. La mente es muy poderosa y engañosa, generalmente (y en mi caso) los pensamientos son reflejos de otros problemas, o mejor dicho, defensas. 

Si logramos entender de donde vienen, es más fácil detenerlos cuando intentan generar ansiedad. 

Suena fácil, pero cuando se trata de analizar tus miedos más profundos, algunos hasta inconscientes, es más complicado. Yo tardé años en entender porqué varios temas se reflejaban en ansiedad. 

Existe un componente bioquímico que convierte pensamientos en obsesión y generan ansiedad. Para entenderlo, les voy explicar brevemente qué pasa en nuestro cerebro ante una amenaza:

La primera en enterarse que hay peligro es la amígdala, una estructura en forma de almendra, se encarga de alertar al resto del cuerpo de posibles amenazas para activar una respuesta. Funciona como un botón de emergencia, esta reacción es normal, incluso, es algo bueno. Hay un ejemplo en el libro de Rita Wigisser de Margolis -que me fascina-, que dice:

“¡Imagínate que estás en el balcón de un décimo piso y de pronto te asomas y miras hacia abajo! El corazón comienza a latir con más fuerza y de inmediato sientes que se te eriza la piel, esta es una respuesta normal del cuerpo al sentir una amenaza, y el sistema nervioso comienza a enviar órdenes a tu cerebro para que estés alerta y así poder preservar la vida”. 

Los trastornos se dan cuando la ansiedad rebasa niveles normales y nuestro cerebro capta las amenazas en situaciones normales.  La causa de esto es desconocida, podría ser hereditario, por traumas de la infancia o simplemente porque nuestra amígdala es mas sensible. Según yo, ésta es la razón por la cual una frase como: “piensa en otra cosa y se te va a olvidar” no funciona, porque en realidad algo está pasando en tu cuerpo a nivel fisiológico.

Si todo se redujera a la explicación anterior, sería mucho más fácil, porque podríamos curarlo con medicinas. Desgraciadamente, estamos hablando de algo mucho más complicado: la mente humana.

Después de muchos años en psicoterapia, y con ayuda de medicamentos, he entendido cómo funciona mi cabeza; primero tenemos que reducir la ansiedad para poder analizar las cosas con calma. 

Hoy en día, ya puedo detectar porqué llegan a mi los pensamientos obsesivos que generan angustia y aunque muchas veces tengo que asumir la crisis de ansiedad, ya no me dejó enganchar por ella, porque sé qué todos los síntomas son producto de mi mente, y esa sensación va a pasar, y podré ver las cosas con claridad.  

He logrado aprender a separar los síntomas de los pensamientos, pero, la vida da muchas vueltas, yo voy cambiando o madurando y me voy encontrando con situaciones nuevas que ponen a prueba todo lo que había aprendido a manejar, y más seguido de lo que quisiera, recaigo, pero ya nunca con la misma intensidad. 

Aún me he queda mucho camino que recorrer. Espero que este espacio nos ayude a todos a sentirnos mejor y encontrar soluciones, porque si de algo estoy segura es que podemos salir adelante.