¿Cuál es la realidad?

21-10-2019

Catarsis

Los humanos nos vemos inmersos en dudas cuando decidimos juzgar la realidad, lo que es un hecho es que no hay verdades absolutas,  puede pasarle la misma situación a 5 personas diferentes y todas tendrán una versión distinta de los hechos, interpretamos las cosas a veces a nuestra convenencia, a veces basándonos en nuestras ideas, a veces nublados con juicios de terceras personas, pero lo cierto es que muchas veces dramatizamos, exageramos e incluso cambiamos la realidad ¿por que? porque somos expertos en suponer e interpretar. 

Es increíble escuchar a una pareja de novios pelear y escuchar versiones tan opuestas del mismo hecho, esto por todo lo que mencioné arriba, y es que si a eso le sumamos enojo, ansiedad, frustración, de una cosa pequeña sin importancia, se convierte en el acontecimiento más grande y fuerte de nuestra vida.

Las personas tenemos la mala costumbre de dramatizar nuestros temas cotidianos, son pocos los que toman las cosas como son y así con esa sencillez las dejan ir, por ejemplo con un choque:

Persona 1: ¡Uy! choqué, tendré que avisar a mi familia que no llegaré a comer y avisaré al seguro para poder resolver, que bueno que estoy bien
Persona 2: ¡Claro! lo que me faltaba, esta vida de porquería, ahora tendré que gastar en esta tontería que seguro me quitara mucho dinero y tiempo, a fuerza Dios y la vida tenían que castigarme, tendré que avisar a todo mi entorno del pésimo día que estoy teniendo y la mala suerte que siempre me acompaña 

¿Con quien te identificas?

Tengo que admitir que casi 18 años me identifiqué con el ejemplo de la persona 2, absolutamente todo lo “malo” que me pasaba me tumbaba en mi cama semanas llorando, sin comer, con los nervios al tope, sin dormir, hasta que en terapia empece a trabajar mi mente catastrófica. Al recordar los momentos donde más ansiosa me he sentido, me río de las cosas tan sencillas que me sacaban de mis casillas.

-Usar pantalones entubados
-Ver a dos personas hablando y dirigiendo su mirada hacia mi
-Ver una foto donde salía “gorda”
-Usar zapatos apretados que no dejaran espacio entre mis dedos
-Estar en clase y que el profesor dijera en alto mi segundo nombre

Estuve tantos años engañada con estas cosas hasta que en terapia mi psicóloga me hizo reflexionar al respecto, y pude por fin entender que usar pantalones no era malo, no gustarme en una foto no era malo, escuchar mi nombre en público no era malo, eran hechos neutrales que yo decidía ponerle una carga negativa y exagerarlo para así poder boicotear mi realidad y tener una perspectiva negativa de todo mi entorno. 

Mi mente catastrófica y mis pensamientos mágicos necesitaban un alto, llevar temas tan cotidianos al limite estaban acabando con mi salud mental y nublaba cada vez más mi juicio hacia la vida, obviamente con tales reacciones hasta un viaje todo pagado a Disney con 10 acompañantes ¡me parecía malo! . Es indispensable detenernos un momento, respirar y contemplar los hechos neutrales de nuestras vidas, manejar nuestras emociones con inteligencia, repartiendo la importancia que necesitan, por supuesto que un examen profesional necesita más atención que unos pantalones entubados, tener un pie roto representaba más dificultad que usar zapatos apretados que solo podía cambiar y listo. 

A veces es difícil quitarnos esa venda de los ojos, más bien muy muy difícil, nos hemos acostumbrado a nuestro modus operandi y nos resulta más fácil presentarnos como víctimas que hacernos responsables y ponerle un poco más de cabeza para ser felices, tenemos que ser muy conscientes de cuanta energía debemos de gastar en cada cosa y tener un equilibrio, repartir prioridades y así poder manejar mejor nuestro juicio. 

Tantas veces sufrí con una realidad inventada en mi cabeza, años de una tristeza profunda por cosas que ni siquiera llegaron a pasar, por cosas que interpreté mal, me acuerdo un día en la universidad, fui vestida con unos pants azules fosforescentes que había decidido comprarme para romper con mi pena de vestirme diferente, al pisar el salón de clases, dos niñas me vieron de arriba hacia abajo y pude jurar que comentaron algo de mi ropa, eso me bastó para decidir que sería uno de los peores días  de mi vida, fui al baño a llorar imaginándome lo peor “seguramente odiaron mis pants, seguro dijeron que soy una ridícula, para que me los puse sabía que era una tontería, soy una tonta seguro me tomaron una foto y siguen comentando, seguro nadie me va a hablar”… mi cabeza iba a 100 por hora, pasé ese día temblando de nervios de que nadie más se percatara de mis pants, pasando incógnita corriendo al salón de clases, llegue a mi casa y escondí los pants, jamás quería volver a verlos y quería vestirme de gris el resto de los días, pero al platicarlo en terapia me di cuenta de lo ¡absurdo que había sido el tema!. 

Si esas niñas habían comentado o no mi ropa ¿que tenia de malo? ¿de verdad usar pants azules era tan malo como pensaba? ¿una mirada podría haberme hecho tener uno de los peores días de mi vida? POR SUPUESTO QUE NO, al terminar mi sesión salí riendome de mi misma, en cuestión de minutos mi cabeza había logrado hacer una historia con inicio, desenlace y fin  de algo que más bien no tenía ni pies ni cabeza. 

Volví a usar esos pants miles de veces, junto con jeans entubados, zapatos apretados, tomándome fotos sin importar como saliera, gritando mi segundo nombre por los 4 vientos, decidí ver la realidad de la manera más clara posible, a veces yo sola, a veces con mi psicóloga, a veces con mis amigos, porque muchas veces necesitamos ese empujóncito para poner los pies en la tierra.

A veces sigo exagerando, a veces sufro por interpretar, pero sin duda el haberme topado con la neutralidad de las cosas me abrió los ojos a tener un juicio más claro y poder guardar mi energía para cosas que verdaderamente exigen mi total atención. 

A veces por andar por las nubes uno se olvida de pisar el suelo.